lunes, 24 de junio de 2013

Como conocí a la vecina...
Transcurría plácidamente el primer domingo de descanso que tenía en cinco meses de intenso trabajo
Era mi primer día libre enfrentando mi condición de mujer sola, en un lugar nuevo inhóspito al que aún no sentía mi lugar
Recuerdo con claridad el gris oscuro que asomaba por mi ventana a la que rápidamente le cerré las cortinas
Amanecí próximo a las 11 de la mañana, me preparé un opíparo desayuno, encendí el súper plasma más grande que el apartamento y me dispuse a disfrutar algunos capítulos de mis series favoritas que tenía pendientes.
En esas pocas transcurrían las primeras horas de la tarde cuando percibí que una potente somnolencia se apoderaba de mí y me consulté "cuál es el impedimento para disfrutar una plácida siesta?" y no habiendo hallado motivos en contrario, desconecté todo y me propuse dormir dormir hasta que se me acabara el sueño.
Pero... el Universo conspiraba contra mi voluntad y al poco rato sentí fuertes golpes cuya procedencia desconocía, hasta que me percaté que era alguien golpeando a mi puerta.
Me levanté y con nada de voluntad y muchísimo mal humor grité cual si estuviera en antigua casa "quién?", sin darme cuenta que entre mi cama y la puerta de entrada no hay ni cuatro metros; obviamente antes de abrir ya ojeaba por la mirilla mientras del otro lado me respondían "Soy Silvia, tu vecina".
Mi cabeza era un nido de caranchos, hacía más de un día que no me peinaba, de camisón y descalza, abrí la puerta y le espeté un cálido y simpático "qué se te ofrece a esta hora?"
Después reparé que se trataba de una señora más o menos de mi edad, rubia de imponentes ojos verdes, alta espigada y que habla sin la más mínima comprensión por el auditor de turno.
Y su frase de presentación fue... "sabía que hoy estabas porque escuché la cisterna varias veces, porque no estás nunca, no? Siempre venís re tarde"
En las pocas oportunidades que puede acotar un bocadillo solo atiné a decirle "disculpame que no te invite a pasar, es que estaba durmiendo", pero ella nunca reparó en el detalle.
En menos de lo que a mí me costo intentar acomodar un rulo de mi cabello, ya sabía que la señora es de Bahía Blanca, que hace tres años vive en Uruguay, que su madre tiene 80 años y vive en Buenos Aires, que tiene una hija que también vive en Capital Federal y otra en Montevideo y hace sushi y que ella y el marido tienen treinta y siete años de casados y que está muy enamorada; que todos lo domingos a esa hora pasa por la iglesia de La Candelaria deja una velita a la Virgen y sigue para el negocio de antigüedades que tienen en Gorlero.
Y sin más continuó, "vos qué hacés en tu tiempo libre? yo camino día por medio y día por medio nado" y yo que ya había puesto mi cerebro a funcionar le consulté, dónde iba a nadar.
"En el mar, nado en el mar mientras no hace frío, igual lo hago con equipo de neoprene", yo parpadeaba y balbuceaba "ah, mirá tú, ah en el mar eh?"
Estimo que la escena vista de afuera podría ser o muy cómica o de terror, pero a partir de ese punto la conversación comenzó a tener sentido para mí, porque ahí arrancó con un irrelevante relato que concluía en el verdadero motivo de su visita
Fue así que me contó que alternaba caminatas con natación y que un día volviendo de la playa, no pudo bajar el cierre del equipo y como no había nadie en la casa hubo de concurrir hasta la panadería de la esquina, entre paréntesis los mejores bizcochos de Punta del Este acotó; para que la chica la ayudara.
Como era próximo al mediodía y también es rotisería había mucha gente; pero por suerte para ella entre esa gente estaba el sudafricano que trabaja en Tienda Inglesa, "Keith, lo conocés?" me consultó; que como hace deportes de agua me ayudó a destrabar el cierre y sin que yo pudiera responderle prosiguió.
"Casualmente con mi marido nos ha llamado la atención porque hemos visto la camioneta por acá un par de veces y como nos contaron que se separó creemos que tiene alguna nueva amiga por acá"
A esa altura mis cerebros funcionaban perfectamente bien y obviamente me causaba mucha gracia la situación y la poca discreción de mi vecina en cuya mirada adiviné la pregunta... "Sos la amante de Keith?"
Inmediatamente recordé la circunstancia en que se habían conocido porque con lo sociable que es mi ex marido, había quedado muy impresionado por la cantidad de palabras que podía pronunciar esa mujer por minuto y también había sabido su procedencia, composición del grupo familiar, y además si quería organizar alguna cena, la hija de la señora podía preparar sushi.
"Porque es acá que ha venido Keith, no es cierto?", sin muchos ambages me interrogó, y como no tenía muchas ganas de divertirme le respondí, "sí, sí, ha venido por acá y supongo que en algún momento vendrá otra vez"
- Ah! Entonces son amigos o tenés algún tipo de relación con él, no? Porque yo sé por una cajera de la Tienda, con la que siempre hablo mucho, que se separó
- Sí, si, se separó y tenemos una relación que hoy no podría definir, quizá con el tiempo podamos ser amigos, hoy no sé
- Ok, te entiendo, cuando lo veas decile que nos conocimos y si necesitas algo te puedo ayudar, tengo muy buena onda con él, aunque al principio parece muy serio.
- Lo tengo re-claro, dormí quince años con él y nos acabamos de separar, me ayudó con algunas partes de la mudanza y no creo que lo vuelvas a ver por acá. Está claro? Y ahora si me disculpas estoy tan congelada con esta puerta abierta, que necesito ir al baño, te agradezco la visita y nos estamos viendo en cualquier momento
- Genial, cuando lo veas mandale saludo a Keith, recordale que me ayudó a destrabar el cierre en la panadería ja ja ja ja!!!
Así fue mi primer encuentro con mi vecina, que no disimula para nada el hecho que me controla a través del sonido de la cisterna.

NOTAS ACLARATORIAS:
1) Cuando pasó lo del cierre Keith me hizo el cuento y yo le dije que era un exagerado e insociable, que la mujer solo trató de ser amable en agradecimiento... ja ja ja pero no exageró nada de nada
2) Es cierto que averiguó de él en la Tienda porque alguna cajera le comento y sabía toda la anécdota
3) El día antes de mudarme Keith y Christine me trajeron mi cama (no se la iba a dejar ja ja ja) y se llevaron la que había ya que la propietaria me permitió hacer el cambio
4) El mismo día que me mudé, si bien yo quería venir sola, Christine antes de irse hizo que su padre la trajera hasta acá y estuvieron un rato conmigo.
5) Él estuvo otra vez para traerme unos cuadros y unas cajas que yo había dejado acondicionadas, pero que no me entraban en el dpto hasta que ordenara un poco.
6) Y por último, en una oportunidad que vino Christine a Punta, me pidio que le cocinara y que venía el domingo a almorzar conmigo, a último momento me pidió si podía venir con el padre y almorzamos juntos. Al ratito que se fueron cayó mi vecina y me dijo, "estaba esperando que se fueran tus visitas para pedirte si me ayudas con un problema del celular"; como verás es cero discreción, pero no osó hacerme un solo comentario acerca de quiénes habían sido mis visitas.
Antes que te genere la duda, te diré que sí conocí a su marido, no es nada simpático y coincidimos en la cochera y entendió que debía indicarme cómo estacionar. Fin de mi relación con el marido

No hay comentarios:

Publicar un comentario